02. Invasión

Conozco a Prats lo suficiente como para saber que estoy en problemas. Porque la noche que cometí un crimen estuve ebria e inconsciente en su casa. Pero aún queda la duda, ¿por qué me ayudó en ese interrogatorio? Estaba tan nerviosa que olvidé que podía pedir un abogado y si seguía abriendo la boca para esta hora ya tendría puesto un estúpido overol naranja.

02. Invasión

Ocultamos el cuerpo.
Nos deshicimos de la evidencia.
Tenemos coartada.

Nada puede salir mal…

—Buenas tardes, señorita Franco —entra saludando con una sonrisa perfecta adornando su rostro— soy la agente Prats, de la ISN — toma asiento entrelazando sus dedos sobre la mesa que se interpone entre nosotras— hablemos sobre los eventos ocurridos durante la noche del cinco de octubre.

Demonios. Hay miles de agentes en la ciudad y le tienen que asignar el caso precisamente a ella. Emma Prats. Mi vecina y mi amor platónico desde que tengo doce años.

El corazón me late de prisa.

Cuando sus ojos hacen contacto con los míos aparto la mirada nerviosa.

—Yo no lo maté.

Emma arquea las cejas.

¿Qué mierda acabo de decir?

La agente coge una pequeña libreta de apuntes y entre sus dedos sostiene un bolígrafo plateado.

—Partiendo de ahí, señorita Franco. Me puede hablar de la naturaleza de su relación con la víctima.

Pasa la mano izquierda por su barbilla y lentamente esos largos dedos comienzan a trepar hasta sus labios, si no estuviéramos en medio de un interrogatorio podría decir que Emma Prats intenta seducirme, ¿de qué hablo? Mi cabeza está flotando en algún lugar lejano del basto universo mientras observo hipnotizada los gestos de mi vecina. Con el mismo ritmo vuelve a bajar la mano hasta el cuaderno, entonces me doy cuenta que con la derecha ha estado garabateando algo.

«Law & Order » 

No imbécil, no intenta seducirte. Te está salvando el trasero.

—Quiero una bogado —exijo en voz alta y contengo el aire mirando como Emma simplemente asiente y se levanta sin dirigirme ninguna mirada en especial.

¿Entendí bien su señal?

Hoy aprendí algo, no pueden mantenerte dentro de una estación de policía a menos que te acusen de algo y no tengo aspecto de culpable, aunque claro, Amanda Knox tampoco lo tenía, y era una verdadera psicópata.

—¿ISN? —pregunta Lara histérica mientras camina por su habitación— ¿por qué ellos investigan un homicidio?

—Yo voy a trabajar en Lighttech—sentencia Jacobo molesto— no me involucraré en esto.

Camina hasta la puerta, pero Luka se interpone en su camino y los 1.90 de mi amigo lo obligan a retroceder.

—Todos tenemos planes —le recuerdo mordiéndome las uñas— y si alguno huye nos tendrán en la mira al resto. No seas imbécil.

—Pues tal vez debería pedir un trato y decir que cierta rubia…

Me acerco a él enfadada y poniendo las manos en su pecho lo empujo fuerte haciendo que tropiece con el buró.

—No intentes pasarte de listo o…

—¿Me matarás?

—No seas imbécil —le reprocha su novia— Briana no mató a nadie.

—Pues yo tampoco lo hice — suelta Jacobo— ¿qué me dices de ti?

—¿Qué mierda insinúas? —reclama Lara— yo no…

—Alguno de nosotros lo hizo —se defiende Jacobo— ¿qué tal tú Luka? — pregunta sin acercarse mucho a su compañero— de los cuatro eres el más calificado para asesinar a un tarado con un bate de béisbol.

—¿Quieres una demostración? —le pregunta el aludido con su característica voz profunda— dando un paso hacia Beltrán.

—Es pérdida de tiempo estar con ustedes —y mirando a Lara añado— les dije que no es buen plan reunirnos, no hasta que esto termine.

Lara mueve la cabeza de izquierda a derecha, parece a nada de echarse llorar.

—¿Vamos a seguir manteniendo todos la misma versión?

—¿Sabes quién lo mató? — le pregunto cruzándome de brazos.

Lara niega con el mismo movimiento de cabeza.

—Entonces lo mejor es seguir contando lo mismo, cualquiera de nosotros puede ser el culpable — esta vez me dirijo a Jacobo— no te dan tratos cuando eres el asesino.

Esta vez soy yo quien camina hasta la salida, no puedo seguir junto a estos imbéciles, porque mi propia histeria me está consumiendo.

—Esa agente es tu vecina —suelta repentinamente Beltrán.

—¿Y eso qué, Jacobo?

—¿Qué sabes de ella? —pregunta.

—Nada que te importe.

—Cierto, vive al lado de tu casa, la he visto en el jardín —corrobora Lara.

—Eso es lo de menos, no nos servirá de nada…

—Está investigando la muerte de Daryl, creo que a todos nos importa la información que tengas sobre ella.

Puta madre.

—No tengo información sobre ella, es solo una estúpida vecina más —declaro con una actuación digna de un Oscar— ni siquiera me habla, dudo que conozca al menos mi nombre. ¿qué importa que sea mi vecina?

—¿Eres tonta o te haces? — cuestiona Jacobo.

—Debes saber algo —interviene Lara— ¿cómo es en su trabajo?

Una maldita genio.

—Pues no sé absolutamente nada— miento — no pasó su cv cuando se mudó al vecindario y es agente federal, tampoco es que uno pueda espiarla desde la ventana. Me arrestarían solo por pensarlo.

Actualmente Prats lee « El mito de Sísifo », aproximadamente cada tres semanas cambia de lectura, observo atenta desde mi alcoba como una pequeña lámpara de noche permanece encendida hasta la una de la mañana, que concluye su capítulo del día.

Claro que se puede espiar a un agente federal.

— ¿Enserio no tienes nada?

—Hay que seguir con el plan y olviden a esa mujer —digo abatida— no servirá de nada.

Tras ese comentario salgo de la casa de Lara y solo cuando la brisa nocturna me sacude las ideas soy capaz de ver con claridad.

Conozco a Prats lo suficiente como para saber que estoy en problemas. Porque la noche que cometí un crimen estuve ebria e inconsciente en su casa. Pero aún queda la duda, ¿por qué me ayudó en ese interrogatorio? Estaba tan nerviosa que olvidé que podía pedir un abogado y si seguía abriendo la boca para esta hora ya tendría puesto un estúpido overol naranja.

Debo ir a mi casa y dormir, definitivamente necesito dormir.

Este día la he librado de milagro y no puedo permitirme las mismas estupideces mañana.

Cruzo la verja que separa mi casa del resto y con las manos en los bolsillos me dirijo al patio trasero, tengo el don de perder las llaves, por esta razón prefiero dejarlas ocultas en lugar de traerlas conmigo. Busco en las macetas y a tientas logro dar con la pequeña llave plateada. Cuando abro la puerta me recibe la oscuridad y el silencio de una casa vacía. Mi familia nunca está. Mamá sale en la tele, en un pequeño noticiero nocturno y mi padre seguro le lanza dinero a una atractiva bailarina. Son la pareja perfecta, casi no se ven y nunca hablan.

Subo las escaleras de dos en dos mientras voy quitándome la ropa, una ducha de agua caliente y supersubmarina me resolverán la vida, al menos por un par de horas. Pero claro, no contaba con que alguien más ya estuviera en mi cama y cuando entro semi-desnuda a la habitación sus ojos disparan con violencia.

—¿Quién de los tres mató a Watson? —pregunta Prats muy seria.

—No puede hablar conmigo si no hay un abogado… —digo mientras cruzo los brazos sobre mi pecho, para cubrirlo.

Se levanta de la cama para aproximarse, visiblemente molesta.

—Usted durmió en mi casa la noche en que presuntamente participó en su asesinato —hay una tranquilidad amenazante en su voz que me hace tragar saliva— va a hablar conmigo ahora mismo, señorita Franco.

—En ese caso tengo una coartada sólida —susurro mirando directo esos increíbles ojos sin poder creer que está tan cerca— y cuando me llamen a declarar, usted agente Prats va a corroborarlo.

Por unos segundos me analiza pausadamente.

—¿Piensa que es muy lista?

—Lo soy— aseguro bajando los brazos y dejando al descubierto mi torso desnudo frente a Prats— por eso se arriesgó entrando a mi casa, por eso está aquí intentando intimidarme.

—No preciso una cátedra de cinismo —dice muy seria— ahora mismo vamos a hablar sobre los eventos ocurridos durante la noche del cinco de octubre, por lo tanto, vístase y la espero abajo.

Se mueve hacia un lado para esquivarme y salir de la habitación, pero me interpongo.

—Hace calor, no me apetece vestirme —sonrío astuta. Mi cuerpo no me acompleja y estar desnuda frente a Emma Prats es un evento con el que vengo fantaseando desde hace mucho.

Emma es una mujer preparada, sabe reaccionar a todo tipo de situaciones, pero sé que no esperaba un enfrentamiento tan descarado, no obstante, con los años que lleva como agente un cuerpo desnudo no la turba, ni siquiera uno como el mío y sin darle muchas vueltas al asunto va hasta mi armario. ¿Cree que puede vestirme como si tuviera dos años?

—¿No se puede concentrar si estoy desnuda frente a usted? —pregunto insolente.

En lugar de responder Emma toma una blusa negra que me va grande y camina hasta mí, ¿enserio cree que puede…?

—Mierda— grito adolorida cuando me sujeta del brazo con fuerza para acomodarme la blusa— ¿está loca…? No voy a permitir que venga a mi casa y… —me intento liberar dando un fuerte tirón, olvidé un pequeño detalle, en la ISN Emma es algo más que una aburrida oficinista y tiene la agilidad necesaria para que mis forcejeos solo sean la rabieta infructuosa de un bebé— enserio puedo denunciarla por esto.

Ya que físicamente no estoy a su altura recurro a las amenazas verbales.

—Le he pedido que se vista, señorita Franco.

Por Dios, es una señora que pasa de los cuarenta, no puede ser tan fuerte. En un momento desesperado le suelto una bofetada cuyo sonido perfora las paredes de mi habitación y me deja la mano ardiendo. Pero lo único que consigo es dejar una marca rosácea en la mejilla de Prats. ¡Joder…!

Me arroja a la cama sin mucho esfuerzo y se coloca sobre mí para inmovilizarme, solo entonces comprendo las dimensiones del escenario sobre el que estoy parada. ¡Emma Prats está sobre mí!

No logro que mi cuerpo y mi mente se organicen. Bien, lo he determinado estoy soñando y esta idea cobra más fuerza cuando desde el espejo que se ubica en una esquina logro ver como mi amigo Luka contempla aquel evento desde la ventana.

Lo miro por una fracción de segundo y luego desaparece a una velocidad sorprendente si considero su tamaño.

Ojalá esté soñando o muy muerta. O me van a joder.