03. Tengo Un Plan

Prats avanza despacio hasta quedar justo frente a mi, soy alta, pero ella me saca varios centímetros, y eso acompañado de su expresión seria, el cabello recogido, un traje echo a medida y su peculiar olor a uvas me hacen imposible mantenerme solemne.

03. Tengo Un Plan

—Eres una pesada —me quejo inmóvil bajo el peso de su cuerpo cuando ya me ha puesto la camisa. 

—¿Es tan complicado para usted seguir una orden? —pregunta apartándose. 

—Tanto cómo lo es para usted respetar la privacidad de sus vecinos. 

Creo que no es una buena frase, sobre todo si considero que Prats está viendo los libros que mantengo apilados en una repisa. Dios, ¿qué tienes contra mí? 

- El Gran Gatsby 

- Matar a un Ruiseñor 

- El Exilio y El Reino 

- Caín 

- El Mito de Sísifo 

Sí, exactamente los mismo que ella ha estado leyendo los últimos meses. 

Soy demasiado guapa para ir a prisión por espionaje, ¿espiar es un delito? 

—¿Privacidad? —repite con ironía. 

Y es que Prats no es idiota, tampoco hay que ser muy listo, basta sumar uno más uno para saber que tu patética vecina tiene una obsesión poco sana contigo. Ya, pero no soy la niña tonta que ella cree y cuando al otro lado de la línea responden. 

—911, ¿cuál es su emergencia?  

Yo hablo de inmediato. 

—Mi vecina ha entrado a mi casa —al escuchar mi voz Prats se gira de inmediato, sorprendiéndome de pie en la puerta y con el móvil en la oreja, pero su reacción no es la que imaginé. 

Se aproxima y sus eléctricos ojos me escanean atentos mientras la chica me pregunta si conozco al invasor. 

—Sí —respondo mirando a Prats a los ojos— es mi vecina. 

¿Qué esperas idiota? Quítame el teléfono. 

Pero Emma Prats simplemente se cruza de brazos, me está retando, cree que no soy capaz, que me tiene en sus manos. Maldita sexy pedante, ya se va a enterar. 

—¿Cuál es el nombre de esta persona? ¿Tiene algún parentesco con..? 

Cuelgo y de inmediato me odio por dejarla ganar esta pequeña batalla de voluntades. 

—Puedo denunciarte… 

—¿Qué pasó con Watson? 

—Nadie lo lastimó… —imito su pose cruzando los brazos. 

—Eso me queda claro, está muerto no herido —dice con sarcasmo y aparece una arruga entre sus cejas— empecemos por decir la verdad. 

—No tienes derecho a interrogarme. 

—¿Quieres que te lleve a la oficina para que puedas pedir un abogado? 

—Dormí contigo. 

¿Las miradas matan? Porque la mujer de mis sueños me acaba de disparar con sus lindos ojos y no sé si huir o besarla. 

—No siga con eso, señorita Franco —dice a manera de advertencia. 

—Pues es lo único que diré si no hay un abogado presente —declaro antipática— así que ya puede ir saliendo de mi casa y lo digo enserio. 

Prats avanza despacio hasta quedar justo frente a mí, soy alta, pero ella me saca varios centímetros, y eso acompañado de su expresión seria, el cabello recogido, un traje echo a medida y su peculiar olor a uvas me hacen imposible mantenerme solemne. 

—¿No escuchó? —desearía no titubear— ¡Largo! 

—Buenos días, señorita Franco —pasan de las 10 de la noche, pero ese « buenos días » me recuerda su sonrisa amable de esta mañana y no puedo seguir actuando como imbécil. 

—No me va a convencer —que mierda, si ya me tiene a sus pies— no pienso decir nada sobre… 

—¿Le gustaría cenar conmigo? 

Puta madre. 

Respiro profundo y la miro a los ojos. 

Me fascinas Emma Prats. 

—No —declaro sin vacilar— Voy a pretender que esto no pasó, pero no pienso salir a la esquina con la persona que entró sin permiso a mi habitación. 

Y sí, Prats no puede ocultar su asombro. Ha visto los libros, sabrá Dios cómo me comporté estando ebria en su casa, sé que daba por hecho que iría como perrito entrenado detrás de su falda. Pero mi decisión es definitiva y sé que entre todas las inseguridades que me rodean puede notar que la estoy rechazando enserio.  

Se lleva las manos a la espalda e inclina ligeramente su cabeza hacia mí. 

—Le garantizo, señorita Franco, que este incidente no se volverá a repetir, y me disculpo por haber ingresado de esta forma a su hogar. 

¿La he cagado? 

Se marcha respondiendo a todas mis preguntas y solo quiero darme de topes contra la pared hasta perder la conciencia, pero no la sigo y las horas transcurren sin que la lámpara que usa para leer antes de dormir se encienda. Esa noche Emma Prats no lee y entrada la madrugada un auto se detiene frente a su casa. La mujer que baja de él no pierde tiempo en la puerta, tiene su propio juego de llaves y accede con la seguridad de quien tiene todos los permisos para hurgar en la intimidad de Prats. La he visto antes, siempre llega muy entrada la noche y se va antes de que comience a amanecer. No he podido averiguar su nombre, pero tiene una cicatriz en la cara y es excesivamente antipática. 

Retengo el aire en los pulmones pensando que pude haber sido yo quién esa noche compartía la oscuridad con Emma. Pero hay que ser realistas, solo soy parte de su caso, de otra forma jamás hubiese aprendido ni mi nombre. 

Pero yo, yo todavía recuerdo la primera vez que la vi, sentí como en mi estómago inició una fiesta descontrolada que puso a temblar partes de mi cuerpo. Cuando la vi en ese jardín fue todo, no pude sentir nada más que su mirada inquietantemente azul, su sonrisa de lado, su mano acomodándose el pelo detrás de la oreja, en ese momento yo supe que era ella, mi corazón supo que era ella y la eligió por encima de todo, y después de tanto tiempo la sigue eligiendo, entonces lo entendí… Esa parte de mí que no puedo controlar decidió amarla y quererla sobre cualquier obstáculo, incluso cuando ese obstáculo fuera ella misma. Así que la amo, y cuando lo digo es porque en serio puedo sentirlo. 

Al despertarme aquel soso auto ya no está y supongo que Emma tampoco porque pasan de las 10 y me toma dos horas más salir de casa, maquillarme y secarme el pelo es una rutina que no se puede alterar por algo tan banal como un novio muerto (asesinado). 

Aunque toparme con Lara apenas llego al campus me lanza al suelo el humor. 

—¿Me están jodiendo? —pregunta apretando los dientes. 

—¿Qué parte de « no deberían vernos juntos » debo explicar? 

—¿Vienes con un vestido rojo el día que confirman el asesinato de tu novio? 

—Muerte —la corrijo. 

—Le aplastaron el cráneo —su tono es apenas audible y hace un esfuerzo sobrehumano para no mover los labios— están investigándonos. 

—No, nos interrogan junto a otros 50 estudiantes —la corrijo de nuevo quitándome las gafas— así que termina con tu drama. 

—Jacobo tiene razón — murmura cuando nos detenemos frente a la oficina administrativa donde debemos llenar unos formularios. 

—¿Eso crees? —le pregunto molesta deteniéndome para enfrentarla antes de abrir la puerta. 

—Actúas cómo si no te importara —murmura mirándome a la cara. 

—Bueno querida, tal vez tu deberías dejar de actuar como si te lo hubieses cogido —espeto muy seria— ¿quieres seguir hablando de esto? 

Su silencio responde por ella. 

Entonces abro la puerta, dejándola fría con mi confesión.  

Si imbécil, lo sé todo. 

Aquello me libra de Lara por el resto del día, pero tengo un problema real, pasando por alto el lío evidente que cargo con la justicia. 

Luka Camps. 

Ha intentado por todos los medios acercarse y agradezco encontrarme tan atareada con actividades que siempre logro estar bajo la supervisión de un profesor cuando intenta abordarme, pero mi suerte no dura para siempre y me atrapa cuando estoy saliendo de laboratorio de biología. 

—Ese vestido te va increíble —dice interponiéndose en mi camino y avanzando hacia el frente, lo cual provoca que retroceda y me quede encerrada con él. 

 Mierda. 

Me sujeta por la cintura y pone sus labios sobre los míos, debo seguir ese intercambio pasional de besos si no quiero encender sus alarmas aún más. Supongo que todo entre nosotros debe continuar, al fin y al cabo, es Luka quien puede mantener al cobarde de Jacobo a raya. 

—Te extrañé —es tan evidente mi mentira que me provoca dolor de estómago. 

—Cualquiera diría que me estabas evitando. 

—Ya sabes como son los profesores y mis padres están revisando mis notas porque quieten colocarme dentro de… 

—¿Desde cuándo te coges a tu vecina? 

De alguna forma agradezco que sea directo, supe que esta pregunta llegaría y por más que le dí vueltas durante toda la noche aún estoy en blanco. Por lo tanto, me limito a verlo a los ojos, anhelando que mi belleza natural lo haga olvidar la escenita con Emma Prats en mi habitación. 

—No me la estoy cogiendo… 

—Oye a mí eso me encanta —pone sus manos en mi cintura y estas descienden moldeando mi cuerpo bajo el ajustado vestido— pero es la agente que nos interrogó —me aprieta contra él para hacerme sentir lo mucho que le gusta tenerme de esta forma—así que explícame ahora que se traen. 

Miro fugazmente la puerta, está cerrada y es hora de salir, nadie vendrá a salvarme y Luka no me dejará sin una respuesta satisfactoria. 

—No es lo que crees… 

Intento besarlo, pero no es tan imbécil y pone su mano en mi garganta haciéndome daño. 

—¿Te la estás cogiendo para salvarte el trasero? —presiona con más fuerza. 

—Salvarnos —lo corrijo casi sin aliento— Sabemos que solo se divertía con Lara y en cuanto Prats crea que lo averiguo primero que nosotros será ella la principal sospechosa. 

—No tiene sentido… 

—Somos mujeres —le explico apretando su brazo para hacer que me suelte— podemos hacer ver a Lara como la amante ardida. Créeme para nosotras tiene sentido. 

Se cruza de brazos y me analiza despacio para luego sonreír y volver a poner sus labios contra los mios. ¿por qué me gustaba este imbécil? 

—Eres tan lista —dice poniéndome sobre una de las mesas para colarse entre mis piernas. 

—Pero mientras están investigando —digo haciéndome a un lado para escapar con cautela— será mejor que no sospeche de nuestra cercanía. Prefiere tenerme para ella sola y eso nos conviene por ahora. 

¿Por qué siento que lo estoy jodiendo todo? 

—¿Me están dejando? 

Pongo mi mano en su pecho para evitar que se me acerque. 

—Solo mientras investigan —le aseguro— luego tomaremos unas vacaciones sin Daryl de por medio. 

Voy hacia la puerta fingiendo que no estoy muriendo de nervios. 

—Oye —me llama Luka cuando ya estoy por irme— ¿tu fuiste quien…? 

Niego con la cabeza varias veces. 

—No, claro que no —declaro y me quedo pensado unos segundos antes de preguntar— ¿y tú…? 

Cruza los enormes brazos sobre su pecho. 

—Hubiera querido y esperé mucho por ello, pero no fui yo. 

Pues no se golpeó él mismo la cabeza contra un bate de béisbol.  

Me voy sin decir nada más. No estoy entendiendo nada, pero sé que no quiero ir a prisión y quizá el plan que inventé a Luka no es tan malo. Cuando cruzo la verja ya se está ocultando el sol, y sin pensarlo toco un botón en la entrada principal que hace sonar una campana en el interior de la casa. 

—Tengo hambre —digo cuando la puerta se abre y los brillantes ojos de Prats se posan en mi— Invítame a cenar.