46. Sangre 3 am - Placer Y Dolor

No tengo más remedio que enfrentarme a sus ojos, debería estar condenada, debería sufrir, debería pagar por sus crímenes, pero… ¿Qué ser humano está calificado para juzgarla? ¿Hay alguien que no oculte pecados bajo las sábanas? 

46. Sangre 3 am - Placer Y Dolor

Mis pies golpean con fuerza la tierra humedecida provocando salpicaduras. Hace frío y las nubes grises amenazan con dejar caer de nuevo su furia sobre Actex, pero por más que corro es como si no avanzara, cómo si mi cuerpo estuviera bajo el efecto de un hechizo que no le permite llegar jamás a su destino y eso me hace recordar a las brujas y nuestro egoísta acto de traición.  

“La justicia tarde o tempranos las va a alcanzar” 

Las palabras de Castillo se repiten una y otra vez, como si las estuviese inhalando en cada respiración. 

Pero ahora solo puedo concentrarme en ellas, y finalmente logro vislumbrar el lago, miro hacia todos lados buscando señales de vida y empiezo a pensar que me equivoqué cuando veo a dos figuras altas a lo lejos, semi ocultas detrás de un árbol. 

Beatriz está alerta y nota primero mi llegada, pero es Sandra quien se acerca con gesto preocupado. 

¿Estás bien? 

La miro moviendo la cabeza. 

¿Tú estás bien? 

Perdona que salimos así, Beatriz decidió no despertarte. 

¿Cómo se les ocurre...?  

Sandra coloca su mano en mi hombro. 

—Enserio perdón, yo... —mira a Rojas buscando ayuda para explicar —fui a buscarlas, tu dormías, Beatriz sugirió que lo mejor era dejarte descansar y salimos a la oficina para... ya sabes. A mitad de eso Alonso llegó y nos dijo vio a Jessie saliendo del internado, Rojas se comunicó con su equipo y dijeron que estaba en el lago, pensamos que lo mejor era venir nosotras por... —se humedece los labios y mira hacia el lago, donde la adolescente nada como si no estuviéramos a 10 grados bajo cero — por si recuerda algo. 

El idiota de Castillo quiere escapar. 

—¿Sabes todo lo que pasó por mi cabeza...? —le reclamo. 

—En verdad lo lamento no creí que fueras a despertar. 

Me muerdo el labio, quiero hablarles de mi sueño y quiero gritarles, pero hay algo más importante. 

—Debo volver... —digo decidida — nos vemos en un rato. 

Giro sobre mis talones, pero Sandra me toma de la mano. 

—Espera, vamos juntas —y antes de que pueda negarme se aleja para ir por su hija. 

Aprieto los labios y volteo hacia el enorme edificio. Supongo que mi sueño fue una señal, debo matar a Alejandra definitivamente. 

Cuando volteo encuentro a Beatriz mirándome fijamente, mierda. Ya sabe que algo pasa, es una genio diabólica, claro que lo sabe. 

—Habla —ordena con voz gélida. 

Miro hacia el lago, Sandra habla con Jessie para convencerla de volver a la cama. 

—Castillo... hay algo que no les he dicho. 

Me quiere matar con la mirada y no la culpo esta vez. 

—Vega —la llama en voz alta. 

Sandra voltea de inmediato, sabe que cuando Rojas usa su apellido es porque habla muy en serio, así que termina su negociación con Jessie y ambas caminan hacia nosotras. 

—¿Por qué nunca entran al agua? —pregunta Jessie decaída. 

—Estoy cansada, cielo —responde Sandra. 

—Hace frío —le hago ver. 

—¿Y cuál es tú excusa? —pregunta dirigiéndose a Beatriz. 

—¿Te parece que necesito una? —cuestiona Rojas y sé que solo puede pensar en lo que acabo de decirle. 

—Saltaste cuando creíste que me ahogaba —Jessie corre para alcanzarla y caminar a su lado— parece que tu excusa es la posibilidad del sufrimiento ajeno. 

—Lo has entendido todo. 

—Beatriz —llama Sandra en tono de advertencia, es obvio que no quiere escucharla tocar esos temas con su hija. 

—Tengo unas pasiones muy vivas, sólo a ellas escucho —se justifica y sin dejar de caminar voltea para vernos levantando la voz— y como estoy convencida de que son los órganos más fieles de la naturaleza, me entrego a lo que me inspiran, sin temor y sin remordimientos. 

 —Beatriz, Jessie tiene 13 años — le advierte Sandra. 

—No entiendo lo que está diciendo —comenta Jessie divertida encogiéndose de hombros. 

Rojas voltea al frente y noto que busca algo en su saco, con un porro encendido en la mano habla de nuevo dirigiéndose a la adolescente. 

—Quiero que las reflexiones que tengo que exponerte sobre este tema te vuelvan pronto tan apática como yo —dice despacio y Sandra se apresura para alcanzarla e intenta quitarle el cigarrillo, pero Rojas es más hábil. 

—Aún no —le pide Vega. 

—Es ahora —asegura Beatriz —y así será cada día a partir de este momento. 

Sandra voltea a verme buscando apoyo. 

Respiro hondo. 

—La psicópata tiene razón —le digo — ya no hay tiempo. 

—¿De qué rayos hablan? —pregunta Jessie. 

Sandra pone una mano sobre el hombro de su hija. 

No, no la vendimos. Y creo que por el resto de mi vida tendré que repetir eso anhelando que un día suene real. Pero no me arrepiento. Preocuparse por sí mismo es, para los débiles, un acto egoísta. Esos mismos que creen que lanzando piedras salvan al mundo y son los que más daño causan en él, seres aborrecibles de mínima imaginación y acciones flojas. Sólo funcionan como tiro al blanco. 

—Hay mucha gente que sólo se entrega al mal cuando es impulsada por sus... deseos —explica Sandra midiendo sus palabras— una vez hecho esto, sus almas regresan tranquilamente a los caminos de la virtud. Pasan sus vidas combatiendo errores con arrepentimientos. Tan indecisos que resulta imposible afirmar qué papel han representado en la tierra. 

—Sigo sin entender del todo, ¿eso qué...? 

—Forja un carácter más firme —le dice Rojas interrumpiéndola— No dudes nunca de tus acciones, mientras el objetivo de estas sea encontrar placer y sobre todo que el arrepentimiento nunca te domine. 

La adolescente asiente con la cabeza abajo y mantiene el ceño fruncido. Pongo los ojos en blanco. 

—Traducción, toma lo que quieres, que se joda el resto y no necesitas pedir perdón —le digo sonriente. 

Jessie me mira y también se ríe.  Su destino está en este lugar y tendremos que renunciar a ella tarde o temprano, pero hasta que ese día llegue no pasará ni un solo momento en el que no la preparemos, debe enfrentarse a ellas y lo hará siendo la mejor versión de nosotras tres. 

Después de todo es nuestra hija. 

Mientras caminamos Rojas expone su “filosofía de vida” y cuando está siendo demasiado explícita Sandra la interrumpe, durante nuestra conversación lo demás sale de mi cabeza, puedo pasar tiempo con ellas y es todo lo que me importa ahora, al menos hasta que llegamos al departamento de Sandra, cuando Jessie nos deja solas en el pasillo y entonces Beatriz tiene permiso para cortarme la garganta. 

—¿Qué estupidez estás ocultando? —pregunta molesta. 

—¿Qué pasa? —pregunta Sandra sin entender. 

Me muerdo el labio. 

—Hay algo que debo mostrarles. 

Nuestros pasos irrumpen el denso silencio en Actex, todos están dormidos o muertos, para esta hora es casi lo mismo. 

Me detengo frente a un muro que parece exactamente igual al resto, ya sé el lugar exacto en el que debo colocarme para que este deje a la vista un pasillo oculto. 

—Más te vale que esto sea por sexo — dice Sandra mientras ingresamos al corredor. 

—No tengo un arma y estoy siguiendo un plan de Arias — murmura Rojas adelantándose—quédate detrás de mí y no digas nada. 

—Tengo todo bajo control.. . 

La última palabra se queda atrapada entre mis dientes cuando, tras abrir la puerta, me encuentro con un hombre maniatado, tirado en el suelo y con el rostro ensangrentado. 

—¿Qué diablos…? — Sandra intenta correr hacia Castillo, pero Rojas lo evita. 

El “quédate detrás de mi y no digas nada” es la orden que Sandra menos entiende. 

—¿Qué hicieron? –pregunto a Orozco. 

—Pediste que lo encerrara aquí —dice Ana que tiene un bastón metálico en las manos. 

—Tenemos un concepto diferente de la palabra “encerrar” 

Camino hasta Castillo y con mi pie muevo su cara para asegurarme que siga vivo. 

—Alguien me quiere decir qué demonios está pasando—exige Vega. 

—Me obligaste a estar cinco años aquí y no mencionaste que tenían esta habitación—reclama Navarro que está en una esquina analizando la rueda de castigo. 

—Explica esto — le exige Sandra. 

—Deben hablarlo en privado — dice Ana caminando hasta Marcela y tomándola del brazo — ni lo pienses — murmura quitándole las esposas que acababa de coger y arrojándolas a un lado — mejor salimos de aquí. 

—Gracias—murmuro cuando pasan por mi lado—necesito un favor más… Jessie... quizá esto se alargue. 

—Si, porque ser niñera es exactamente lo que… 

—No hay problema Ana interrumpe a Navarro y le suelta un codazo tengan cuidado con él. 

—Casi lo matas, ya no creo que sea un problema.  

Me guiña el ojo antes de abandonar la habitación, respiro profundo y busco en mi teléfono un sitio web. Cuando la página ha cargado le entrego el móvil a Sandra para que puedan leer aquello. 

Ahí está todo.  

Nombres, fechas, declaraciones…  

“Tortura y sangre, así se deleitan los empresarios de este país. Beatriz Rojas necesita más de una vida para pagar por todos sus crímenes” 

—Esto es… –murmura Sandra mientras comienza a entender lo más relevante del artículo que Rojas lee detenidamente. 

No es algo que se termina en 5 minutos, aquel sitio web cuenta con más de 800 publicaciones, cada una con extensas descripciones de crímenes, muchos de ellos ni siquiera están clasificados aún. 

 

“Dijo que lo habían tendido boca abajo en una cruz, lo ataron, y entonces ocho personas ataviados con trajes oscuros lo sodomizaron” 

 

“Se tuvo que sentar con las piernas cruzadas en un tapete ante un altar, y le dieron de comer excremento humano en un palo de diferentes colores” 

 

“Durante estas violaciones a veces lo drogaban, y estaba muy, muy perturbado. Lo habían sometido a una gran degradación y bestialidad” 

 

“Tuvo ocho embarazos, se le dejó avanzar un poco más en cada uno. Los fetos se habían preparados para fiestas; los sacaban del refrigerador, los cocinaban y se los comían” 

 

Esas declaraciones son el grito de víctimas que lograron salir del infierno. 

—¿Hace cuánto existe este sitio? – pregunta Rojas fríamente. 

—Lo publicó Alonso cuando llegó aquí… necesitaba asegurarse de que estuvieras distraída… 

Le quita el móvil a Sandra y lo lanza hacia un lado. 

—¿Lo has leído completo? –Pregunta Beatriz mientras se acerca. 

Sandra se coloca la manos en la cintura y mira hacia arriba, como si estuviese tratando de entender todo. 

—Sí—le respondo mirando a Alonso, aún inconsciente sobre el piso. 

—Mírame cuando me hables –ordena con los dientes apretados y pone su mano en mi barbilla para obligarme a levantar la cara y enfrentarme a ella— ¿o es que ya tienes miedo? 

No tengo más remedio que enfrentarme a sus ojos, debería estar condenada, debería sufrir, debería pagar por sus crímenes, pero… ¿Qué ser humano está calificado para juzgarla? ¿Hay alguien que no oculte pecados bajo las sábanas? 

—Siempre supe lo que eras. 

Leyendo esa investigación de di cuenta de lo poco creativa que fui imaginando sus perversiones. 

 

“Vi mujeres enjauladas, vi que cirujanos sádicos experimentaban con mujeres sin ningún tipo de anestesia. La vi bebiendo su sangre...” 

 

La introducción es  acertada. No le alcanzaría una vida para pagar por sus crímenes y la existencia del infierno es mi único consuelo. 

—¿Ya tienes miedo?—pregunta nuevamente. 

Cierro los ojos y cuando los vuelvo a abrir le dedico una intensa mirada. 

—Vas a necesitar más que esto para deshacerte de mí. 

Paso mi brazo por detrás de su cintura posesivamente y con fuerza la estrecho contra mi cuerpo. Dejando su mano en mi cuello acerca nuestros labios y devoro esa boca con enojo. Es una criminal, se merece una tortura eterna, pero ahora solo quiero acabar con sus enloquecedores labios.  

El beso solo es interrumpido cuando la voz débil de un hombre se escucha. 

—Las van a encontrar, vendrás por ustedes… pagarán por todo eso. 

Volteamos. Sandra mira a Alonso con cierta pena. 

—No hay una banda de moralistas con antorchas encendidas en la puerta—observa Vega— ¿por qué? 

—Sabes que no confiaba en él y pedí ayuda para evitar que otras personas pudieran leer esto. 

—¿Por qué lo dices hasta ahora? –me cuestiona—¿involucraste en esto a alguien de la agencia? 

—No — me limito a responder caminando hacia Alonso. 

—Lo han leído—asegura él—no pueden seguir escondiendo secretos. Vendrán por ustedes. 

—Eres patético — le digo soltándole una patada en las costillas cuando intenta levantarse—de todos los imbéciles con los que hemos tenido que lidiar eres el peor. 

—Porque no tienes nada contra mi—asegura con un hilo de voz—no estoy aquí por venganza y no esperaba sobrevivir, solo quiero que Beatriz Rojas pague… 

—A ella nadie la va a tocar –le doy un nuevo golpe. 

—Gabriela explica este juego de una maldita vez – me exige Sandra. 

Respiro profundo. 

—En realidad es una historia corta, pedí ayuda a una vieja amiga que no tiene nada que ver con la agencia –aclaro de inmediato—solo necesitaba que buscara en internet cualquier artículo reciente relacionado con Beatriz. Alonso empezó a publicar estando aquí, pero casi nadie alcanzó a verlo, bloqueamos el sitio y el continuo pensando que estaba revelando la verdad al mundo. 

—Las cosas que están aquí no se consiguen en un día. ¿Quién trabaja con él? Debe haber muchos otros con esta información –interrumpe Sandra. 

Muevo la cabeza negativamente,  

—¿En quién confiarías si intentas desenmascarar a una de las familias más poderosas del país? El imbécil tenía un plan perfecto. Quizá desde el primer caso supo lo que tenía que hacer y mantenía a Rojas ocupada con las estupideces de William y con… nosotras. Claramente nos usó para distraerla. Es todo un héroe. 

—¿Por qué lo dices ahora? –me reclama Vega. 

Miro el teléfono que está sobre la alfombra. 

—¿Ustedes pensaban contarme algo de esto? –volteo hacia ambas—tuve que usar a Castillo para conocerlas realmente. 

Sandra voltea hacia Rojas, esta me observa en silencio, como si estuviera escaneado mi cerebro. 

—No siempre será tu juego –le digo muy seria—pero lo controlé mejor que tú con Alejandra, aquí esté –señalo a Alonso— haz que desaparezca, es tu especialidad. 

Rojas frunce el ceño despacio. 

—Si este es tu juego, entonces termínalo. 

—Quieres matarlo, no me involucres en esto –le digo. 

—Impresióname. 

Me cruzo de brazos. ¿Enserio espera que yo mate a Castillo?  

—Termina con él, porque luego de esto no podrás hacerlo de nuevo—le advierto—se terminó todo eso –señaló a Sandra y luego me apunto a mí misma con el dedo—o se termina lo nuestro. No vas a arriesgar a Sandra cada tanto. 

—¿Ahora crees que puedes hacer por ella más que yo? 

—Paren con sus tonterías –nos regaña Vega—mátenlo, es tarde y estoy cansada. 

—La proteges de los líos en los que tú misma la metes. 

Rojas esboza una sonrisa que consigue paralizarme. 

—Quiero verte matándolo. 

—No voy a alimentar ese monstruo dentro de ti. 

—Me pregunto si al menos intentaron negociar de esta forma la vida de Jessie—cuando Castillo habla las tres giramos hacia él — Las escuché, lo sé todo — dice sin hacer un nuevo intento para levantarse — Arias es una idiota y Rojas una psicópata, pero tú… —dice mirando a Sandra—eres la peor basura que he conocido y eres la única culpable de todo lo que pasará con Jessie. 

Me dirijo a él con firmeza, pero no soy la única, llego al mismo tiempo que Rojas, quien lo obliga a levantarse y luego lo empuja contra la pared, cuando su espalda choca contra el muro estampo mi puño en su pómulo dos o tres veces. 

—Vas a lamentar haber dicho eso — lo amenazo usando la rodilla para dejarlo sin aire al clavarla en su abdomen.  

Experimento un placer inigualable cada vez que tengo contacto con su piel, una sensación cálida me invade, se me sube a la cabeza susurrando que la vida de una persona está en mis manos, que puedo hacer con él lo que quiera. Si pudiera ser consciente de algo quizá me dolería los nudillos, por que perdí el control de mí, soy como un animal hambriento que solo puede consumir el sufrimiento del hombre que tiene enfrente. 

¿Cuáles son nuestros limites?  

Quizá estoy por descubrirlo.