Endogamia

Beatriz es inteligente y para nada ingenua, así que entiende esa insinuación, no es la primera que recibe de Nina, pero si es la primera vez que están completamente a solas, caminando por los pasillos de un enorme castillo y sin la posibilidad de que alguien las interrumpa.

Endogamia

En el mundo no hay persona más excéntrica que Calliope y su última adquisición confirma este hecho. La joven pelinegra se pasea por aquel histórico monumento, enlistando mentalmente la enorme cantidad de lugares en los que preferiría pasar su verano, y ese viejo castillo en Rumania ni siquiera aparece en la lista.

Pero sus quejas mentales se ven interrumpidas cuando un roedor sale del agrietado muro y pasa veloz entre sus pies arrancándole un grito.

—Es una mierda de familia —se queja en voz alta llevándose las manos al pecho y su cuerpo se sacude involuntariamente sintiendo como si aquel asqueroso animal estuviese sobre ella.

—Gracias. También te aprecio, Beatriz —escucha decir a alguien.

—Lo lamento —se apresura en disculparse, no necesita girar para saber que detrás de ella está la hermana mayor de su padre— me asustó un roedor.

—Tu siempre estás asustada —esto último lo dice en voz baja y la joven ahora si gira, Nina está excesivamente cerca de ella, es como una sombra, siempre que están a solas se aproxima de esa forma así que ya no debería sorprenderse, pero aun así lo hace— ves, siempre te asustas.

—Solo me tomó por sorpresa.

—¿A tu edad todavía te sorprende cuando las mujeres se te acercan?

Beatriz da un paso atrás y frunce el ceño. ¿Eso qué significa? Podría hacerse un millón de preguntas más, pero sería un desgaste mental innecesario. Su tía es demasiado rara y tratar de entenderla sería infructuoso.

—No se me acercan muchas mujeres —dice en voz baja, intentando abandonar aquella situación tan incómoda para seguir con su recorrido— debo buscar a mi hermano.

Nina sonríe de lado y comienza a caminar despacio pasando junto a ella.

—La endogamia fue practicada por familias reales del Egipto milenario —comenta sin detenerse, lo cual Beatriz interpreta como una orden directa de que debe seguirla— sobre todo durante la etapa ptolemaica, a fin conservar la pureza de la sangre y reforzar la línea de sucesión.

—Suerte que ya estamos lejos del siglo II —dice en voz baja mientras la sigue.

—A decir verdad, no me puedo resistir a una mujer inteligente —confiesa sin girar— aunque estemos lejos del siglo II.

Beatriz es inteligente y para nada ingenua, así que entiende esa insinuación, no es la primera que recibe de Nina, pero si es la primera vez que están completamente a solas, caminando por los pasillos de un enorme castillo y sin la posibilidad de que alguien las interrumpa.

—Entonces no tiene sentido comprarse un castillo lejos de la familia entera.

No entiende porque le sigue el juego en lugar de dar media vuelta y alejarse.

—No estoy lejos de toda la familia.

“Calliope” piensa Beatriz de inmediato. Se mudan juntas, es obvio, pero… ¿así de juntas?

—Podrías venir también —Nina continúa hablando sin detenerse a verla, pero el tono burlón en su voz la hace sentir que puede adivinar su expresión de sorpresa.

—No me gusta Rumania —responde digna— ni los roedores.

Nina se gira sorpresivamente lo cual provoca que joven pelinegra choque con ella.

—Pero te gusta aprender —dice, volviendo a bajar el tono de su voz hasta convertirlo en un susurro.

—Puedo leer en cualquier parte del mundo —esta vez no da un paso atrás.

Beatriz por fin se atreve a mirarla a los ojos. Las pupilas de esa mujer solo saben hablar de oscuridad.

—Lo que tu lees jamás lo podrás perfeccionar con libros.

Esta vez la joven si retrocede claramente apenada. ¿cómo sabe eso su tía? ¿acaso solo fue un comentario al azar?

—Yo no diría eso…

Nina sonríe con burla.

—¿Enserio? —la reta dando un paso para vencer la distancia y se inclina un poco logrando que sus rostros queden a la misma altura antes de decir— ¿Puedes enseñarme lo que has aprendido?

Tiene dos opciones, alejarse o mantenerse firme. ¿Realmente ha aprendido algo? Quizá es hora de demostrarlo no dejándose intimidar por su tía.

—¿Exactamente que está buscando? —pregunta tratando de imitar sus provocadores susurros.

—Eres lista —el aliento de Nina acaricia sus labios— Tantas horas encerrada en tu habitación, los libros bajo la cama… —la joven se sonroja al escuchar eso— por no hablar de los peculiares accesorios que escondes detrás de tu armario —sonríe al ver la expresión apenada de su sobrina—Tu sabes perfectamente lo que quiero que me enseñes.

—No puede humear en mis pertenencias —da un paso atrás— voy por mi herm…

Antes de terminar la frase siente la mano de Nina atrapar su brazo y tira de ella para acercarla más.

—Quédate en Rumania —le pide apretándola con tanta fuerza que le clava las uñas— voy a enseñarte más de lo que crees, pequeña —diciendo eso camina y Beatriz avanza de espaldas hasta que un muro le impide continuar— mi único placer es instruir a las chiquillas, y las lecciones que les doy son tan excelentes que jamás las olvidan.

La joven respira un tanto agitada por la sorpresa, las manos de su tía aún la sujetan con firmeza de los brazos y el muro contra su espalda también le impide alejarse. Pero lo más preocupante es su fuerza de voluntad, ¿quiere salir corriendo? Le preocupa que un “No”, es la contestación más honesta que se puede dar.

Siente las manos de Nina abandonarla y su mente reclama el perder aquellas uñas que se clavaban en su piel, pero intenta disimularlo y enseguida observa atónita que Nina la ha soltado para comenzar a aflojar los botones de su propia blusa.

¿Debería mirar a otro lado? Esa es la última pregunta que se hace, porque cuando el inicio de aquel escote aparece frente a sus ojos su cerebro se desliza entre ellos como un tobogán, dejándola a la deriva.

Observa boquiabierta el lento jugueteo de los largos dedos de su tía sobre aquellos botones, liberándose de la prenda que esconde unos pechos grandes y firmes. Cuando solo el pequeño y negro sujetador se interpone pierde de vista las manos de Nina y se sobresalta cuando siente que estas buscan las suyas para conducirlas a su cuerpo.

La pone sobre el inicio de sus senos y el palpar el calor de su piel le produce un extraño hormigueo.

—¿Te gustan? —le pregunta en voz baja guiando el movimiento de sus caricias.

Un leve asentimiento con la cabeza es la respuesta de Beatriz.

—¿Quieres ir a un lugar más cómodo?

Se inclina sobre su boca y sin llegar a besarla comienza a rozar sus labios contra lo de su joven sobrina.

—Sí —la afirmación es débil, pero la mano de Beatriz sujeta con tanta fuerza sus pechos que Nina sonríe para sus adentros.

Es ahí cuando la obliga a girarse y la pone contra la pared tan violentamente que el sonido cuando su frente golpea contra el muro hace eco en el solitario pasillo.

Beatriz deja escapar un quejido y levanta su mano para acariciarse la zona adolorida pero su tía lo impide sosteniéndole ambas manos por encima de la cabeza.

—Primero necesito saber de qué eres capaz —le dice mientras con la lengua deja un camino de saliva detrás de su oreja— quiero probarte Beatriz.

La empuja con más fuerza contra el muro, aplicando tanta presión con su cuerpo que a la joven se le dificulta respirar.

—Tía… —no sabe si es la forma correcta de llamarla y sospecha que no cuando siente una punzada terriblemente dolorosa en la nuca.

Grita e intenta moverse, pero Nina es demasiado fuerte como para permitírselo.

—Uno es tan poco dueño de retener sus gritos ante las terribles sacudidas del placer como lo sería ante las poderosas emociones del dolor —susurra alejando por fin el filoso botón que usó para abrir la carne de su joven sobrina.

Observa fascinada como el líquido rojo oscuro sale de su cuerpo, como si huyera de algo desesperadamente, se acerca a olerlo hipnotizada por un sabor que le fascina y pasa su lengua despacio sobre la línea de sangre que se va dibujando en su nuca, antes de que esta de desperdicie sobre la blusa de Beatriz.

La joven ha dejado de luchar, conoce la sensación de la sangre resbalando sobre su piel y sabe lo que Nina está haciendo, pero le es difícil decidir si aquello la excita o la perturba. Así que solo cierra los ojos y se concentra en los movimientos de esa lengua, en cómo parece estar dedicada exclusivamente a limpiarla hasta de la última gota de sangre. Un hormigueo se instala en su intimidad y empieza a desear tener algo con lo que frotarse, su mente le juega mal y la fantasía traslada aquella lengua que trabaja sobre su nuca a hacia su entrepierna, imaginando las mil maravillas que Nina podría hacerle ahí abajo.

Pero su tía no tiene prisa, cuando ha notado que Beatriz se rinde al placer deja de sujetarle las manos y por fin tiene las suyas libres para poder recorrer la figura de la joven, apretar cada centímetro de ese bien moldeado cuerpo, y disfrutar de algo que ciertamente lleva mucho tiempo deseando. No puede seguir en ese maldito pasillo, la sujeta por el cabello y la atrae hacía ella para hacerla caminar.

—Ya verás lo que haré contigo —declara ansiosa llevándola escaleras abajo velozmente.

Beatriz hace un esfuerzo sobrehumano por mantenerle el paso sin rodar aparatosamente por los peldaños de piedra, no conoce ese lugar por lo que sería inútil tratar de adivinar el destino al que acuden tan apresuradamente, pero la piel se le eriza pensando en las posibilidades y es que concentrarse y pensar con la cabeza fría ya no son opciones. Nina tiene el control y ella interiormente lo celebra. Aunque nunca pensó que algo así sucedería, definitivamente si era consciente de la fama con la que cargan las hermanas mayores de su padre, y eso siempre despertó en ella una curiosidad insana. Muchas veces notó miradas, roces o acercamientos que nunca intentaron aparentar inocencia, pero también fueron varias las ocasiones en las que se convenció de que esas escenas estaban siendo alteradas por sus hormonas.

Ahora el deseo es algo más que una fantasía y el dolor que aún siente en la nuca se lo confirma.

Nina usa una llave oxidada para abrir una enorme puerta de madera que no es muy diferente a las otras que resguardan las cientos de habitaciones en el castillo y cuando se abre acompañada por un chirrido revela ante los ojos de la joven una estancia bastante grande, Beatriz no tiene tiempo para analizar lo que hay a su alrededor, pues Nina la empuja contra un extraño sofá negro y sin decir nada se abalanza sobre ella.

La joven intenta inclinarse sobre sus labios, pero Nina la esquiva dejando que su boca mordisquee el cuello de su sobrina y esta deja escapar un débil gemido que la hace sonreír, definitivamente nada la excita tanto como mostrar a las niñas inexpertas los placeres del sexo, pero también quiere enseñarle a disfrutar del dolor y ese es un sendero que poco tienen el coraje de recorrer, por eso ya esperaba la reacción que tiene Beatriz al sentir como los grilletes se cierran alrededor de su muñeca dejando que las pequeñas espinas penetren su piel.

—¿Qué demonios…? —la joven intenta hacerse a un lado— libérame…

cuando mueve su brazo para intentar soltarse las espinas se clavan más profundo y un nuevo quejido de dolor escapa de sus labios.

—¿Es todo lo que soportas?

—¿Eso es…? —delgadas líneas de un color rojo intenso comienzan a escurrir por su brazo. “Sangre”

—Es sangre, ¿te asusta? —Nina la mira a los ojos, provocándola y al mismo tiempo retándola— la sangre es la vida —se inclina sobre su brazo y comienza a lamer despacio— pero a las personas les asusta, me veo obligada a privarme de estos placeres o a gozarlos sola, porque me es imposible entregarme a ellos sin verter chorros de sangre—saca una pequeña navaja y el corazón de Beatriz se detiene— A falta de poder matar hombres, degüello animales y me rocío con su sangre —la joven traga saliva pero lo que Nina hace es cortarse a sí misma en la palma de su mano, para ponerla sobre Beatriz y el líquido caliente cae sobre su rostro— pero cuando las pasiones son un poco vivas esos remedios para salir del paso son muy crueles…

—La vas a asustar… —Beatriz se sobresalta al escuchar esa voz, ¡demonios!

Calliope aparece en su campo de visión y estar con la respiración agitada, el rostro ensangrentado y visiblemente excitada frente a otra de sus tías no es el mejor espectáculo que puede ofrecer.

—Estaba esperándote —dice Nina con una sonrisa y observa atónita como ambas comparten un acalorado beso.

Las manos de Calliope sostienen la nuca de Nina mientras devora su boca y la mano de esta, aun con manchas de sangre, se posa sobre el pecho de su hermana y lo presiona ligeramente. Beatriz observa ese beso sin poder pensar con claridad, el intercambio es tan intenso que ella misma se siente arder en las llamas que sus tías están provocando.

Cuando finalmente el beso termina, Calliope centra su atención en ella. esos ojos disparan a matar, pero la joven le sostiene la mirada, con ese brillo de altanería que siempre le funciona y su tía sonríe de una forma extraña acercándose a ella.

—Te ves mejor que otras veces —susurra sobre sus labios y asoma la punta de su lengua para recoger despacio la sangre que tiene en el rostro— y sabes mejor que la última vez.

Beatriz se sonroja, “la última vez”, sabe que Calliope se refiere a la fiesta de su hermano, cuando por un breve momento se quedaron a solas y su tía aprovecho para “limpiar” un poco de pastel que había quedado en la comisura de sus labios, en esa ocasión también lo hizo con la punta de su lengua y luego Beatriz tuvo que ir volando a darse una ducha helada mientras se prohibía pensar en su tía de esa forma; pero esta vez no tiene para donde correr, está atrapada con ellas dos.

—¿Quieres probar? —le pregunta Nina mostrando la sangre aún en sus manos.

Beatriz ya no puede controlar el ritmo de su respiración, ¿esto es real?

—Puedes darle una mejor oferta —dice Calliope y comienza a desabotonar su blusa.

La joven no sabe dónde poner sus ojos y Nina se da cuenta de ello, por lo que se sienta a su lado y sujetándola por la barbilla la obliga a mirar directo como Calliope deja su torso desnudo, revelando unos pechos grandes y firmes.

—Parece que tu tía te quiere consentir hoy —comenta Nina y comienza a acariciarle los pechos a su hermana dejando rastros de sangre en ellos— no lo desaproveches.

Usa su mano libre para sostenerla del cabello y la acerca a los senos de Calliope, la primera vez que el sabor metálico hace contacto con la punta de su lengua solo le produce asco y se hace a un lado.

—Escúpelos —le susurra Nina al oído— mientras te acostumbras al sabor puedes usar tu saliva para debilitarlo.

Beatriz pasa la mano libre por detrás de la espalda de su tía para acercarla más a ella y sigue las instrucciones de Nina, atreviéndose de nuevo a abalanzarse sobre esos pechos cubiertos de sangre y empezó a lamerlos con suavidad, sin dejar una sola mancha en ellos.

—¿Sientes cómo se ponen duros? ¿Los tuyo también lo están, querida? —Calliope la mira con una sonrisa retorcida— Sería lo justo, porque tú me pones así cada vez que estas cerca de mí, y te huelo… Tu olor me noquea. Me muero por ti.

Beatriz succiona con más fuerza y usa su mano para golpearle el pecho izquierdo, está siendo transportada a un mundo de sensaciones y erotismo. Las palabras de Calliope, su voz, su declaración… «Me muero por ti». Y ella iba a morir por sus tías si todo eso continua.

Nina se aproxima y de nuevo en lugar de besarla conduce sus labios al cuello de la joven, pero aparte del calor de su saliva Beatriz percibe algo más y sus músculos se tensan.

—A tus amantes se les da el mismo placer que te ofrecen —susurra Calliope notando los nervios de su sobrina— esa es tu primera lección.

Cuando dice esto Nina entierra la navaja sobre su piel y la sensación es más dolorosa que los grilletes o cuando le cortó la nuca, porque esta vez la herida es más profunda y la alarmante cantidad de sangre saliendo de su piel se lo confirma.

—¿Están dementes…? —esa pregunta es innecesaria, es obvio que algo no anda bien con sus parientes— necesito un médico.

Nina la jala del cabello obligándola a echan la cabeza atrás para dejarles una fuente sangrienta a su entera disposición.

—Tu deber a partir de ahora es este—le dice con dureza.

Calliope recoge la sangre de su sobrina y busca los labios de Nina para compartirle aquel sabor mientras con su mano libre esparce el líquido sobre el cuerpo de la joven, despojándola de la ropa que le queda en el camino. Una vez que ha terminado acerca a la boca de Beatriz sus dedos ensangrentados, la pelinegra por un momento aprieta los labios, pero su tía le da una bofetada y a la fuerza le introduce los dedos a la boca, al principio siente arcadas, pero no puede pensar mucho en el asco cuando la lengua de Nina se desplaza sobre su piel cada vez más abajo. Por inercia abre más las piernas y son los dedos de Calliope los que acuden primero a esa invitación, aún con manchas rojas los desliza despacio sobre su entrada, manchándola y Beatriz sabe bien que le deja el platillo listo a su hermana.

—Pensé que nos considerabas locas —murmura Nina contemplado lo húmeda que se encuentra la joven— ¿eso te pone?

Beatriz ha olvidado que tiene un brazo atrapado, pero al intentar moverlo el dolor se lo recuerda, y deja escapar un quejido.

—Ya no eres tan altanera así —se burla Calliope paseando los dedos por su intimidad, ambas hacen lo mismo sin ir más allá y su sobrina siente que se vuelve loca con esa tortura —es más divertido someter a niñas engreídas como tú.

—Sigo creyendo que están locas.

Una bofetada le deja ardiendo la mejilla.

—Levántate —le ordena Calliope a Nina— voy a azotarla para enseñarle a no molestarme.

Beatriz no entiende bien el significado de aquello hasta que Calliope la sostiene con fuerza de la cintura obligándola a girarse sobre el mueble, su brazo queda torcido y de nuevo las espinas le recuerdan que si se mueve mucho todo puede volverse más doloroso. Nina nota el estado de su muñeca y se acerca para lamer la sangre que ha salido de ella.

—Hiciste enojar a la persona equivocada —le dice con una sonrisa perversa— por suerte para ti, aquí me tienes.

Y por fin la besa. Beatriz había querido convencerse de que no es tan inocente y los pocos roces que ha tenido con mujeres son suficientes para dar un beso como se debe, pero está comprobando que no es así, sus labios solo patinan torpemente sobre los de Nina, quien dirige un beso intenso, apasionado y húmedo. Le es difícil entender su juego con la lengua, pero su tía parece decidida a enseñarle y la sujeta de la cabeza con fuerza para profundizar aún más el beso, por un momento Beatriz se queda sin aire e intenta alejarse, pero Nina se lo impide.

—Quiero comerme esos gritos —gruñe sobre sus labios y a los poco segundos Beatriz entiende de que está hablando, cuando el sonido del látigo viajando rápidamente llega a sus oídos casi al mismo tiempo que aterriza sobre sus glúteos.

Grita, la boca de Nina asalta la suya y no tiene otro remedio que morderla, evento que le arranca un gemido a su tía, intenta moverse, escapar, pero antes de lograr al menos huir de esos labios el doloroso momento se repite.

—Uno es tan poco dueño de retener sus gritos ante las terribles sacudidas del placer como lo sería ante las poderosas emociones del dolor —declara Nina mientras su labio comienza a sangrar— pruébame, no dejes de embriagarte.

Se acerca a Beatriz cuyo cuerpo es sacudido por una dolorosa oleada de calor, quiere huir al mismo tiempo que quiere sentir más, sentirlo todo. Nina la besa, aprieta sus pezones y la deja jugar con sus suyos mientras por detrás Calliope la azota arrancándole gritos incontrolables.

Jamás pensó que se podía experimentar algo como eso, y ni siquiera se da cuenta cuando los golpes paran y la lengua de Calliope recorre las marcas que ha dejado en su cuerpo, como un artista hipnotizado por la belleza de su lienzo. Besa intensamente a Nina cuando una sacudida la obliga a echar la cabeza atrás y una cadena se enreda en su cuello haciendo presión, al girar la boca de Calliope la reclama y siente como los dedos de esta se introducen en su cuerpo.

—Soportaste bien tu castigo —le dice al oído— mereces un premio.

Beatriz escucha un clic, y Calliope tira de ella con fuerza obligándola a acostarse, Nina acciona algo que abre por completo el sofá y se termina de quitar las prendas que tiene encima para abalanzarse sobre su sobrina, ahora son los delgados labios de Calliope los que dan lecciones a su boca, deja que la lengua de su tía recorra por completo su cavidad y la suya se une a ella, danzando juntas, obligándose a memorizarse. Mientras la boca de Nina desciende enloquecedoramente a su intimidad para darle lo que está necesitando desde que la tenía contra la pared en el pasillo. Al primer roce el cuerpo completo de Beatriz se tensa, Calliope nota esto y comienza a darle un suave masaje en los muslos para que se abra más y disfrute de aquello.

Beatriz se estremece mientras los dedos de Nina se deslizan a lo largo de su abertura, encontrando su centro de placer. Pero en lugar de entrar como la joven tanto deseaba y necesitaba, Nina se pone de rodillas y antes de que pudiese reprocharle que sus manos la abandonan, su tía empieza a lamer los labios de su vagina.

—Voy a hacer que te corras con mi boca, así cuando regreses a la reunión con tu odiada familia, estarás todavía húmeda y recordarás que mis labios han estado sobre ti.

La joven estaba a punto de correrse solamente de oírle hablar, así de excitada estaba por su actitud posesiva.

Los dedos de Calliope atraparon su pezón con habilidad y una descargar eléctrica le recorrió el cuerpo. Mientras Nina la chupaba con fuerza, y clavaba sus dedos en ella. Beatriz se aferró al pelo de Calliope mientras el orgasmo estallaba invadiéndole todo el cuerpo, esta no espero que su sobrina se calmara, se puso de pie entre sus piernas y se apretó fuerte contra su cuerpo, sentía como la humedad de su sobrina no hacía más que crecer al moverse contra la suya con sacudidas hambrientas.

—Enséñame que esa boca sirve para algo más que quejarte —le exige Nina acomodándose en el mueble para quedar sobre el rostro de la joven.

Beatriz no se hace del rogar, comienza a lamer, primero despacio, acostumbrándose a la posición y la falta de aire, pero después, cuando la excitación del sabor y de Calliope entre sus piernas la llevó de nuevo al límite, dejo que su lengua recorriera por completo aquel fruto prohibido.

Si ya estaba condenada al infierno, no le quedaba más que seguir disfrutando mientras estuviese viva.

Claro que no podía saber que estos son solo los preliminares y el año que se quedará viviendo en ese castillo con sus tías marcará su vida por completo… siempre para mal.