Epílogo

Le toma varios minutos convencerse para salir de la cama, y otros más localizar su bata, cuando por fin cubre su cuerpo desnudo con una delgada tela de algodón baja las escaleras con la intención de llegar a la cocina. Al entrar se sienta detrás de la barra y casi al instante Sandra Vega se inclina hacia ella para depositar un beso en la comisura de sus labios, dejando un delicioso rastro de café que Arias saborea con la punta de su lengua. 

Epílogo

5 años después. 

El aroma del café recién echo invade sus fosas nasales motivándola a abrir los ojos.  

Gabriela se estira y bosteza un par de veces y mientras se talla los ojos, el diamante rojo en su dedo anular refleja los destellos de la mañana. 

Le toma varios minutos convencerse para salir de la cama, y otros más localizar su bata, cuando por fin cubre su cuerpo desnudo con una delgada tela de algodón baja las escaleras con la intención de llegar a la cocina. Al entrar se sienta detrás de la barra y casi al instante Sandra Vega se inclina hacia ella para depositar un beso en la comisura de sus labios, dejando un delicioso rastro de café que Arias saborea con la punta de su lengua. 

—Buenos días —murmura con voz ronca. 

—Buenos días —dice Beatriz sin apartar los ojos de su tablet, mientras con un lápiz dibuja su firma en varios archivos electrónicos. 

—Ve a cambiarte, es tarde —le dice Sandra. 

Arias rueda los ojos, la única forma de que Sandra devuelva el saludo es después de una caliente sesión de sexo oral. Pero Rojas les había advertido que no toleraría retrasos, no es un día fácil y no la culpa por querer mantener todo controlado, mientras aún esté en sus manos.  

—Ustedes son tan cursis —dice con sarcasmo rascándose los ojos. 

Beatriz termina sus pendientes y se quita las gafas mientras camina hacia sus mujeres. 

—Salimos en treinta minutos —dice seria y pone la mano sobre el cuello de Arias para plantarle un beso — ve a cambiarte, por favor. 

Gabriela le sonríe. La misión de que Rojas se adapte a la relación es una tarea que le llevará toda la vida perfeccionar, pero al menos ya no la ve como si quisiera matarla, al menos no con tanta frecuencia. 

Cuando se ha terminado de cambiar abandona el departamento cargando cuatro pesadas maletas, Beatriz y Sandra se han adelantado y las encuentra en la entrada hablando con una joven rubia, alta y guapísima.  

—...no importa la hora, tú llamas y yo aparezco aquí —escucha que Sandra le dice mientras la abraza. 

—Por Dios mamá, largo—la apremia Jessie impaciente —van a perder su vuelo. 

—El avión es mío —dice Beatriz. 

—Y también será tu culpa si no se marchan nunca —le suelta Jessie — salgan de mi casa, trio de raras. 

Arias sonríe pasando por su lado.   

—Tampoco te voy a extrañar, querida —le dice a la joven rubia caminando hacia el auto que espera a unos diez metros. 

—¿Por qué solo hay dos maletas aquí? —reclama al abrir el maletero. 

—Sandra decidió que quiere ropa nueva —le informa Beatriz. 

—¿Se podía hacer eso? —pregunta Gabriela mientras arroja su equipaje al auto, tuvo que atravesar todo el estúpido internado cargando sus pertenencias. 

—Solo si eres rubia —le grita Jessie. 

—Y pedante —completa Arias y se acerca a su familia. 

—Pon atención —Sandra regaña a su hija — debes llamar si me necesitas. 

La joven asiente, sabe que su mamá ha estado especialmente preocupada desde que decidieron tomar esas vacaciones y no la culpa, será la primera vez que salgan del internado y será la primera vez que estén separadas. Pero no quiere llorar, no quiere mostrarse débil, no puede hacerle ver lo mucho que también la va a extrañar o Sandra nunca se irá y realmente ellas tres se merecen ese viaje. 

—Te voy a echar de menos —susurra y se abalanza sobre ella para abrazarla con fuerza — te amo mamá.  

Sandra tampoco puede demostrar mucho, su trabajo ha terminado, educó a una mujer inteligente y decidida y solo espera que eso sea suficiente para enfrentar a su destino. 

—No más fiestas —le advierte Gabriela y ahora la joven la abraza a ella, aprovechando la cercanía Arias le dice en voz baja — ni mujeres. 

—No prometo nada —dice Jessie divertida, vaya que Gabriela le ha salvado el trasero más de una vez con el tema de las fiestas clandestinas, pero sobre todo con sus aventuras con sus compañeras. 

Cuando se aleja de Arias voltea a ver a Rojas. 

—Anda, di que me vas a extrañar. 

—Ve a clases —le ordena Beatriz indiferente. 

Jessie extiende su mano hacia ella y Rojas responde al saludo educadamente. 

—Yo también te voy a extrañar. ¿Nos vemos en dos meses? 

Rojas la mira a los ojos, no le puede mentir y un hueco enorme se instala en el corazón de la joven rubia al recibir ese silencio que tanto temía como respuesta. 

—Sabes cuidarte —dice Beatriz mirándola a los ojos. 

Hay una conexión entre ellas que va más allá de las palabras. Cuando Gabriela conoció a Jessie lo primero que pensó es que era una réplica exacta de Sandra Vega, ahora tiene ante ella a una mujer audaz, inteligente, calculadora, e intimidante, pues Beatriz ha puesto en esa rubia lo mejor de sí.  

Tras una despedida larga las tres caminan hacia el auto. 

—¿Realmente no le diremos nada? —pregunta Gabriela mientras Beatriz le abre la puerta del copiloto a Sandra para que suba. 

Antes de ingresar al coche miran a Jessie por última vez. 

—Cumplieron su parte del trato, ahora nos toca a nosotras —afirma Vega. 

Arias pone en marcha el lujoso vehículo y mira por el retrovisor como la hermosa rubia se hace cada vez más pequeña. 

—Ahora es tu turno Jessie —dice en voz baja abandonando para siempre los terrenos del internado.