48. Diamantes

Un frio inexplicable desciende por mi columna mientras le doy un sorbo al jugo, no me cuesta mucho adivinar que es causado por la mirada atenta de Paula, nuestros ojos se encuentran, pero esta vez no huyo asustada. Hice muchas cosas mal con ella, debí ser honesta desde el inicio, pero mis errores no redimen lo suyos. Todos vamos a ser traicionados a lo largo de nuestra vida, y no todos elegimos convertirnos en idiotas cuando esto ocurre. Hasta ahora he visto el tablero solo para contemplar mis piezas, pero sé que el cerebro de mi contrincante es prodigioso y no puedo bajar la guardia.

48. Diamantes

Un frio inexplicable desciende por mi columna mientras le doy un sorbo al jugo, no me cuesta mucho adivinar que es causado por la mirada atenta de Paula, nuestros ojos se encuentran, pero esta vez no huyo asustada. Hice muchas cosas mal con ella, debí ser honesta desde el inicio, pero mis errores no redimen lo suyos. Todos vamos a ser traicionados a lo largo de nuestra vida, y no todos elegimos convertirnos en idiotas cuando esto ocurre. Hasta ahora he visto el tablero solo para contemplar mis piezas, pero sé que el cerebro de mi contrincante es prodigioso y no puedo bajar la guardia. De una cosa estoy segura, Paula jamás se quedará con este internado, prefiero hacerlo estallar con todos nosotros dentro, que ver a esa lunática pavoneándose a mitad de los pasillos. Este castillo solo reconoce a una reina y mis ojos van hasta ella sin dudarlo, es la mujer más guapa que he visto, aún con esa expresión de fastidio; me muero por abrazarla una vez más, pero hasta donde me ha dicho Rojas tenemos cada pieza justo donde queremos y un movimiento improvisado a estas alturas del juego no sería muy inteligente de nuestra parte. Me conformo solo con verla de lejos, con dedicarle una disimulada sonrisa y gritarle con una mirada que pronto estaremos juntas de nuevo. Justo lo mismo me dicen sus ojos, porque ahora sé que no siente nada por Alejandra y que se está esforzando para que esto salga bien.  

Casi cuando estoy a punto de terminar mi almuerzo Paula se levanta y camina hacia Navarro, mi corazón se acelera, esto no me gusta, sé cuál es mi plan, pero la cercanía de ese par me atormenta porque tengo la certeza de que se traen algo entre manos. El resto de las chicas parlotean a su alrededor entusiasmadas, desde que se hizo el anuncio, el baile es el tema principal durante cada comida, las he escuchado discutir por horas sobre colores, luces, música. Honestamente no me sorprendería que oculten dagas detrás de cada cortina, después de todo más de la mitad disfrutarían verme desangrar hasta morir. Aunque Trujillo se ha recuperado y pasa un tiempo en casa, ellas aún me ven como la asesina de su amiga y la “T” sobre mi mejilla se los recuerda, el médico que trajo Rojas ha conseguido que se disimule bastante bien, pero por la falta de cuidados en un inicio solo hay una forma de desaparecerla por completo, y no es momento de someterme a una cirugía, aunque Rojas me ha hecho jurar que lo haré después del baile. Volteo a verla, escucha atenta a uno de los profesores, y luego mis ojos van hasta Sandra que ha creado un muro de hielo entre ella y el resto del mundo. Las voy a salvar a ambas, no importa el precio. 

Salgo del comedor arrastrando los pies, se ha formado un griterío en las mesas porque muchas recibieron paquetes con sus elegantes vestidos y extravagantes mascaras. No me tomé la molestia de elegir nada de eso, tengo cosas más importantes en la cabeza que su absurdo baile. Y como toda la escuela participará dudo que en teatro me echen de menos. Mi corazón late con fuerza, no puedo disimular que tengo miedo, estaré entre un montón de enmascarados y todo se reduce a quienes morirán durante esa noche… ellos o nosotras. 

Ojalá Prats estuviera aquí, pero algo urgente ocurrió en su trabajo y tuvo que salir ayer, ni siquiera le dio tiempo para despedirse, fue uno de sus guardias el que me dejó una nota en la oficina de Rojas. 

—Eres un objetivo fácil —susurran detrás de mi haciéndome sobresaltar, instintivamente giro para encontrar a Rojas a unos centímetros— vienes aquí a menudo, cualquiera podría acercarse por detrás —dice en voz baja y sus ojos descienden a mis labios aún con marcas por aquel beso— abrir tu delicioso cuello— desliza su dedo índice sobre mi garganta simulando una daga— y dejar que te ahogues con tu propia sangre —su mano desciende despacio— muy predecible si lo que quieres es ser agente. Bastante conveniente si te quedas a deambular por aquí a saciar mis antojos. 

Una sonrisa se dibuja en mis labios. 

—¿Qué te hace pensar que me quedaría para saciar tus antojos? 

—¿Hay algo más importante? —cuando está a punto de llegar a mi pecho retira su mano y la coloca en su espalda, prohibiéndose continuar. 

—Ahora que lo preguntas, sí. Navarro nos traiciona. 

—Yo me estoy encargando de ella —dice con una sonrisa engreída— hará lo que yo diga. 

—Estás muy segura de eso —susurro acercándome un poco más a ella— ¿enserio crees que lo que le das a cambio es suficiente? Porque Paula la está enamorando. 

Su sonrisa crece aún más.  

—No es el corazón el que da el placer, sino el cuerpo. 

—Pensé que no te la cogías. 

—Creí que no te importaría. 

Pongo los ojos en blanco e intento alejarme, pero Rojas me sostiene del brazo. 

—No me importa —declaro con firmeza— solo espero que tu calentura no alerte a Paula. 

—Se puede coger de todas las formas posibles sin que disminuyan en nada los sentimientos del corazón —dice atrapándome contra la pared. 

Me cruzo de brazos y la escudriño con la mirada. 

—Deja de marearme con tu verborrea. 

Saca una pequeña caja de su saco y me la ofrece. Dejo escapar un suspiro antes de tomarla, ¿ahora qué? Uso el pulgar para empujar la tapa hacía arriba y me quedo con la boca abierta mirando el anillo, tiene una piedra roja en el centro, y al sostenerlo con mis manos temblorosas refleja un fascinante juego de luces y colores que confirman la autenticidad de aquella joya. 

—¿Un diamante? —cuestiono confundida buscando sus ojos. 

—Un recuerdo —declara mirando el anillo dentro de la caja— póntelo. 

—¿Por qué un recuerdo? 

Estira su mano y coge el anillo mientras usa la otra para acercar mi dedo a la joya. 

—La vida se resume en los momentos que no puedes olvidar, sean malos, buenos o perversos. 

La argolla se desliza atrapando el dedo anular de mi mano izquierda y Rojas lo analiza detenidamente cuando ha llegado a su sitio. Me queda perfecto, hecho a la medida y no dudo que así sea.  

—Esto es demasiado… —declaro despacio mirando como el diamante destella en mi mano— no puedo ni imaginar su valor… 

Rojas esboza su habitual sonrisa burlona. 

—En teoría lo pagó Sandra 

—Que en teoría lo hizo con mi dinero—recuerdo entrecerrando los ojos. 

—Pero en la práctica ni ella ni tú saben cómo usar sus recursos —dice mordiéndose el labio— por eso me necesitan. 

—¿Crees que no podríamos hacerlo sin ti? 

—Maravillosas pautas administrativas —dice despacio— ojalá se tratara de algo más divertido que el dinero. 

—¿Cómo qué puede ser, licenciada? —pregunto con inocencia sobre sus labios, no la he vuelto a besar desde esa noche, y aunque sé que no romperá la promesa que le hizo a Sandra, es divertido provocarnos. 

—Te gustan los problemas Arias —susurra deslizando sus dedos entre los míos con movimientos insinuantes. 

—¿Eso es malo? 

—No lo sería si pudiera castigarla después…  

Subo mi mano por su pecho y sin que lo espere la empujo hacia atrás. 

—Seguro Navarro te espera —comento alejándome de ella. 

—¿No agradecerás? 

—Gracias por cogértela —digo sarcástica mientras camino con ella detrás de mí— estás haciendo un gran sacrificio por el equipo. 

Me toma del brazo para atraerme hacia ella. 

—Haces de este juego algo cada vez más interesante. 

—Su juego, licenciada Rojas, se vuelve repetitivo para mí. 

—Di mi nombre —ordena con un susurro, sujetándome por la cintura— quiero escucharte decirlo— su aliento choca con mi oreja y me corta la respiración— porque es lo único que vas a gritar cuando decida saciar estas ganas que tengo de… 

Unos pasos firmes en el pasillo hacen que me suelte y la rubia que se aproxima a nosotras luce decidida a lanzarnos un encantamiento vudú. 

—Buenas tardes, Gabriela… Beatriz. 

Mi corazón se detiene, muero por saltar a sus brazos, por no soltarla, por decirle al oído cuanto la amo, lo mucho que la extraño y la falta que me hace a cada segundo. Pero permanezco inmóvil, incapaz verla a los ojos. 

—Hola —es lo único que consigo decir. 

Llevo días sin tenerla tan cerca como ahora. 

—Arias. 

—Cuanta emoción —comenta Rojas mirándonos a ambas— me largo, esto no es para… 

—¿Dónde está Prats? —le pregunta Sandra molesta. 

Esperaba muchos reclamos, pero lo que sale de sus labios me deja atónita. 

—Justo acabo de leer su mensaje, es común que una agente federal le escriba a una sospechosa de lavado de dinero para infórmale sobre sus actividades del… 

—No estoy para tus chistes —la corta Vega— ¿qué demonios hiciste? 

—Por increíble que parezca hay cosas que no dependen de mí —declara Rojas— pero si te interesa, fue tu novia la que sí recibió un reporte.  

Sandra me interroga con una mirada. 

—Lo único que dijo fue que regresaría pronto, al parecer ocurrió algo importante. 

—Debe volver, encárgate de eso —declara Sandra mirando a su amiga— Suspenderán actividades a las cinco para comenzar la decoración. 

—Podemos hablar —me atrevo a pedirle. 

Ella me mira, y supongo que el reflejo del anillo atrae su atención, porque lo contempla por unos segundos antes de declarar. 

—Hay mucho que hablar —su indiferencia me traviesa el pecho— después del baile. 

Sin añadir más se retira por el pasillo. 

—Una de las dos debe ir detrás de ella —dice Rojas en voz baja mientras observamos cómo se aleja. 

—No sé qué decirle… 

—Que no tenemos nada sería un buen inicio. 

—¿Y no tenemos nada? 

El silencio nos rodea, ni siquiera puede usar el sarcasmo para responder ese cuestionamiento. Es más que complicado tener ganas de decir algo que sabes que no debes, que sabes que lo arruinaría todo; decir lo contrario a lo que piensas es fácil, sí, lo difícil es lidiar con las consecuencias de guardarte todo y luego tener esa sensación de asfixia y saber que en cualquier momento puedes ser como una bomba que explotará y creará un caos. 

—Señorita Arias, es momento de retomar sus actividades.  

—No vas a escapar siempre. 

—No planeo hacerlo. Me voy a divertir tranquilamente con el suplicio de los infortunados —declara dándome la espalda para también alejarse. 

¿Cómo traicionas a alguien que amas sin sentirte culpable? 

No está, no vuelvo a verla en el trascurso del día, ni durante la cena, y cuando voy a su oficina me quedo despierta hasta muy tarde esperando que aparezca. La oscuridad y el miedo me rodean, es mañana el final o el comienzo. En realidad, no importa mucho, porque estoy sola. 

El estruendo de las nubes chocando en el cielo me despierta por tercera vez en la madrugada y un relámpago ilumina la habitación dejándome ver una enorme caja al pie de mi cama. Un único pensamiento pasa por mi cabeza y salgo corriendo al despacho que continúa desierto. ¿Dónde diablos estas Rojas? Voy hacia la caja esperando encontrar pistas de su paradero, pero en ella solo hay un vestido de corsé victoriano y una máscara veneciana bastante siniestra. No vuelvo a dormir el resto de la noche y solo contemplo su regalo sobre mi cama mientras juego con el anillo.  

¿Esto es una invitación o una sentencia de muerte? 

Me voy a divertir tranquilamente con el suplicio de los infortunados. 

Sus últimas palabras no salen de mi cabeza, me cubro la cara con ambas manos negándome a creer que esto es real. Quiero que entre por esa puerta y me diga que soy una idiota, y yo tal vez le responda que intente comportarse al menos por hoy, pero algo me dice que eso no pasará.  

Contengo una lágrima y me levanto decidida. Si va a hacer una estupidez al menos lo admitirá en mi cara, no voy a esconderme y sacar conclusiones, al lado de Prats he aprendido que se necesita mucho valor para enfrentar la verdad, pero aún más para buscarla.   

Dentro del internado hay un hervidero, alumnos corriendo por todos lados, colgando cortinas, decorando las paredes, instalando las luces. Alejandra no solo quiere una masacre, quiere dar un espectáculo. Sé que ya han mentido a Velasco y a Paula, a estas alturas se creen dueños de cada centavo que tiene Vega en el banco. Pero el plan no termina ahí, al igual que nosotros no quieren dejar un solo testigo, y qué mejor escena del crimen que una fiesta con cientos de enmascarados. 

Alejandra quizá espera mi muerte y la de Rojas para poder ser feliz con Sandra; Paula solo quiere sentir poder, imitar un poco a la persona que le robó todo lo que una vez amó; Velasco quiere sentirse hombre y cree que con dinero suficiente puede ayudar a Isaac; Sandra definitivamente no quiere ir a prisión y no sé si aún soy parte de sus deseos; Diego espera tener a Alejandra enfrente y matarla. Mi deseo es más sencillo, salvar a Sandra y hacer que Rojas se pudra en el infierno. Varias horas después concluyo que no aparecerá, ella verá el desastre desde su trono en el averno, solo espero que se divierta y no volver a verla jamás. 

Me quedo sobre la cama pensando si usar o no el vestido, al final decido que lo más prudente es arreglarme, todos lo harán y seré mucho más llamativa si ando rondando por ahí con vaqueros y zapatos deportivos. 

Considero que pocas personas se pueden dar el lujo de arreglarse para su propia muerte. Aprovecho el privilegio y paso demasiado tiempo frente al espejo, cuidando cada detalle de mi aspecto como hace mucho que no hago. Cuando retiren la máscara de mi cuerpo sin vida daré una buena impresión. Miro el diamante en mi dedo, ahora el anillo quema, pero no me lo quito, me empieza a gustar llevar encima cosas que me recuerdan lo imbécil que soy. 

Respiro profundo y salgo al pasillo, hay maquinas creando una neblina espectral que dificulta mucho ver por donde camino. Gruesas cortinas negras cubren las ventanas, la iluminación da un aspecto sanguinolento al internado y la música que acompaña mis pasos no parece ser de este mundo. 

Atravieso las puertas del teatro y varias miradas se posan en mí.  

Aquí estoy Beatriz, has esperado mucho por esto. Mueve tus piezas.